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lunes, 4 de marzo de 2013

02- LA MUJER SOÑADA.


-2-
La mujer soñada.

El sol poco a poco comenzó a alzarse en la pequeña cuidad de Sargento Pereyra. Tras una tormenta continua, aquella mañana de verano comenzaba algo fresca y ventosa, esta ciudad no alcanzaba las cincuenta cuadras de largo y principalmente había sido creada como un pequeño pueblo, algo común, con su plaza céntrica, la cual rodeaban su catedral, municipio, correo, hospital y museo histórico.

Con el tiempo Sargento Pereyra fue creciendo y siendo popular entre los pueblos de alrededores, muy cerca de sus ultimas manzanas un gran prado con un bello verde se levantaba hasta perderse en el horizonte, hacia lo lejos se podía escuchar un viejo tren de pasajeros el cual unía las ciudades de los alrededores con la gran cuidad capital y mas allá un pequeño pero veloz río el cual los ciudadanos utilizaban para divertirse y refrescarse en el durante los días de calor.

El verano intenso ya se encontraba en sus últimas horas y el tiempo lo comenzaba a hacer notar en sus ciudadanos, los cuales comenzaban a abrigar y preparar a sus hijos para el gran comienzo de una nueva jornada escolar la que para algunos de ellos era la primera, pero para otros jóvenes se trataba de su ultimo periodo, lo cual hacia de este, un día especial, emocionante y hasta entrañable.

Pedro Suárez, de diecisiete años de edad, era uno de estos tantos jóvenes que iniciarían una nueva etapa escolar, pero en este caso su madre luego de diversos intentos aun no había logrado despertarlo ya que este había tenido una noche única, distinta a otras, la cual no olvidaría por el resto de su vida.

Pedro finalmente abandono aquel descanso tan cobijante y comenzó a abrir lentamente sus ojos, luego observo su reloj despertador y allí encontró la manera ideal para comenzar aquella mañana con inmenso pánico.

Rápidamente comenzó a vestirse de manera adecuada para acudir a su colegio. Quedaba muy poco tiempo, pero no debía detenerse por ninguna razón, ya que tras los hechos que transcurrieron sobre los días finales de su último año, había perdido la confianza de su director quien este año probablemente lo tenga en constante vigilancia, por el hecho de haber sido el mejor amigo de uno de los denominados “fugados”.

Luego de preparar su mochila, con los elementos básicos de estudio, lavo su rostro y peino como le fue posible sus cabellos negros, una vez ya listo para continuar camino bajo a los saltos las escaleras de su hogar y se detuvo a tomar un rápido desayuno el cual había sido preparado por su madre, este mas allá de su corto tiempo halagó a quien le dio la vida y le deseo una buena mañana al igual que hizo con su hermana menor, las cuales eran su única familia en aquel momento.

Mas allá de su veloz ritmo de preparación, aun sentía un enorme cansancio tras haber descansado muy poco durante la noche anterior, sus ojos aun permanecían de un rojo intenso y este cansancio se hizo notar luego de que el joven chico saliera de su casa y comenzara a caminar por la vereda de su casa sintiendo el sol creciente del lejano amanecer frente a el.

-¡Pedro, olvidas tu bicicleta!- con una amplia sonrisa su hermana grito desde la puerta de su hogar dejando paralizado al muchacho quien estaba llegando a la esquina y sintiendo una enorme vergüenza.

Regreso caminando rápidamente y observando a su hermana con gesto reprobado por aquel grito singular, ella no comprendió su enojo y nuevamente regreso a continuar preparándose para acudir a su colegio primario. El abrió una de las puertas de su hogar la cual se encontraba sobre la izquierda de su sala de estar, donde guardaba su vehiculo entre un viejo garaje el cual ahora era utilizado como deposito.

Pedro nuevamente perdió parte de su tiempo en revisar e inflar las ruedas de su bicicleta para poder llegar con rapidez y comodidad a su colegio, luego de esto acomodo su mochila y salio hacia las calles, las cuales aun se mantenían arrastrando rastros de las lluvias nocturnas.

Doblo sobre la izquierda y recordó con angustia que sobre aquella calle Yessica había desaparecido en la oscuridad hacia algunas horas, eso le recordó que pretendía encontrarla luego de su primer jornada escolar, es por esto que apresuro aun mas su camino como creyendo apresurar el tiempo junto consigo y se encamino hacia la avenida principal.

Allí el transito era mucho mas fluido, aumento aun mas su velocidad y dejo llevarse en bajada observando a sus alrededores hasta al fin encontrar un puesto de periódicos, en aquel sitio freno su marcha y saludo cordialmente a un viejo vendedor de unos sesenta años de edad.

-Es extraño verte aquí, ¿No llegaras tarde a tu colegio?- el vendedor de periódicos sonreía ampliamente al joven Pedro quien lo conocía desde poco después de haber nacido, mientras sacudía sus cabellos con la palma de su mano y golpeaba con palmadas su espalda de manera amable.

-Hola Ricardo, yo también me alegro de verlo, pero como usted dijo estoy retrasado en mi viaje, ¿Me Daria el periódico de la ciudad del día de hoy?- el joven algo molesto y cansado pidió con gesto amable y distante a su vez un periódico, el cual coloco por dentro de su mochila, la cual no lo llego a encerrar y dejaba que sobresalga por sobre su parte superior.

El muchacho nuevamente subió a su bicicleta y emprendió a gran velocidad el viaje hacia aquel destino que lo esperaba, mientras los minutos continuaban transcurriendo y su tardanza se hacia aun mas alevosa.

Su velocidad aumentaba a medida que la distancia se hacia mas corta, la avenida principal a cada segundo parecía mas repleta de vehículos alocados e irrespetuosos, muy pocos respetaban las normas de transito y dejaban avanzar con facilidad al vehiculo mas pequeño, todos eran dueños de la desesperación que los abordaba por las tardanzas o los cortos pasos de tiempo, pero el muchacho con habilidad y algo de suerte pudo resolver aquellos obstáculos y finalmente doblar sobre la calle que lo dejaría sobre las puertas dm su colegio.

Aquel colegio se hallaba sobre un amplio terreno, rodeado por rejas negras de considerable altura, por fuera unas prolijas y anchas veredas mostraban una amplia procesión de personas, madres y niños que acudían a aquella importante primer jornada escolar, por dentro, un bello parque de un verde y gustoso pasto, caminos con bancos blancos para aquellos alumnos que quisieran sentarse a esperar el inicio de sus clases, árboles y plantas que decoraban de belleza aquel sector y finalmente una prolija fuente de agua la cual lanzaba sus grandes chorros hacia lo mas alto y luego caían sobre unos pequeños canales de aquel suelo los cuales permitían regar cada parte de aquel espacio verde.

Al llegar sobre aquella cuadra, Pedro bajo su velocidad y comenzó a transitar por delante de todos ellos, buscaba a sus amigos pero no los podía encontrar allí, el ver aquella multitud lo tranquilizaba ya que el timbre de inicio aun parecía no haber sonado, llego hacia el portón negro y se coloco sobre la entrada de este, le comenzaba a costar mantenerse de pie, las andanzas de la noche anterior estaban surtiendo efecto sobre el, pero era necesario despabilarse y prestar atención durante el transcurso de aquel día.

Ya que debería mantenerse despierto y esperar allí parado, decidió buscar el periódico de la ciudad que había adquirido hacia unos minutos con motivo de buscar alguna noticia con respecto a Yessica, estiro una de sus manos hacia la mochila que se encontraba sobre su espalda pero no obtuvo resultado, luego algo molesto se quito aquella mochila y lo busco mas cómodamente, esta se encontraba abierta y el periódico buscado no se hallaba dentro.

Con gran fastidio comenzó a buscarlo a su alrededor por sobre la vereda, entre la gran multitud, pero parecía inútil su hallazgo, se mantuvo quieto, murmuraba insultos por lo bajo, se encontraba decepcionado de si mismo y sabia que todo aquello ere efecto del cansancio por los sucesos de su reciente noche.

En ese momento alguien golpeo su hombro tres veces llamándolo con suavidad, el joven muchacho aun con fastidio, a punto de insultar a quien lo molestaba en aquel momento dio una vuelta abruptamente, esperaba encontrar a uno de sus amigos los cuales continuaban sin aparecer, pero la sorpresa fue grande al deslumbrarse con la persona que llamo su atención.

-Lo siento, no quise molestarte, creo que esto se te a caído hace unos minutos.- Pedro se mantuvo inmóvil y boquiabierto observando a quien omitía estas palabras, se trataba de una chica de quizás su misma edad, de estatura menor a el pero por solo unos escasos centímetros, tez blanca, cabellos negros y lacios, de un largo que podían alcanzar su cintura, un rostro angelical, una sonrisa encantadora, su cuerpo era tan bello como descendiente de la diosa afrodita y su mirada penetrante, inolvidable, hipnótica, dueña de aquellos ojos del color de la miel que ya había tenido el placer de conocer.

-No, no hay ningún problema- Las palabras salían lentamente y de forma inentendible de los labios de Pedro, se encontraba fascinado por aquella situación, sorprendido, era la chica, la protagonista mas bella de aquel sueño inolvidable, era la belleza dentro de la oscuridad de su extraña pesadilla, una presencia única, la cual emanaba un brillo propio y el solo se mantuvo quieto, boquiabierto y sus palabras salían con esfuerzo. –Gracias-.

Ella sonrío tímida frente a la reacción de su receptor, a su vez, el, tardo algunos segundos en recibir el periódico que ella poseía en su mano derecha, al recibirlo se mantuvo pensativo, mirando a la chica de ojos miel, no podía comprender como había ocurrido, como había logrado soñar horas antes con ella.

Pasaron unos segundos observándose y a su vez esquivando incómodamente la mirada, en silencio, tímidos, sin saber que decir. Luego de esto la larga fila de personas que esperaba delante del portón negro comenzó a avanzar a paso fluido mientras todos sonreían observando al paralizado muchacho que luego de aquel encentro jamás esperado, no pudo encontrar reacción.

La chica de ojos color de la miel se acerco nuevamente a el y le pregunto si se encontraba bien, parecía pálido, asustado, lo cual hizo que ella se sorprenda y hasta se asuste, pero el la volvió a observar a los ojos y con una amplia sonrisa asintió gustoso de aquel encuentro por mas shokeante que parezca.

-Bueno, la fila esta avanzando, debo irme, quizás nos crucemos dentro en algún momento, fue un placer- Tras estas palabras la chica se sumo a la fila mientras que Pedro, idiotizado por su presencia solo la saludo sonriendo, tembloroso y agitando su mano.

Era increíble de solo pensarlo, la chica de su extraño sueño, la que tanto lo había deslumbrado, aquellos ojos tan fuertes y únicos le pertenecían, pero toda su presencia en general fue impactante, era única, era inolvidable y estaba allí, en su colegio, acababa de hablar con ella, pero fuera de esto lo mas perturbarte fue el hecho de que jamás antes se habían encontrado, este fue su primer encuentro y sin embargo soñó con ella, en aquel sueño o pesadilla tan vivido, tan único.

Nada mas importaba en ese momento, la fila de gente, las gotas retrasadas de la lluvia anterior, todo desapareció en un vacío que volcaba solo sus pensamientos inconclusos pertenecientes a aquel sueño tan real, solo eso importaba, hasta que de repente un fuerte golpe sobre su cuello lo recobro a la realidad al instante. – ¿Te quedaste despierto por la noche y ahora no resistís?- Se trataba de sus amigos quienes al fin aparecían, todos juntos muy alegres de volver a ver a Pedro.

-No era necesario ese golpe, ¿Dónde se supone que se encontraban?- Pedro muy furioso por despertar de su estado hipnótico observo con desagrado a sus amigos, pero el enfado no duro mucho. Más allá de su molestia, era inevitable el entrañable reencuentro luego de meses sin cruzarse durante el receso entre un año y el otro, mientras el solo prefirió aislarse de todo y todos.

Luego de saludos y conversación llevadas a lugares comunes como el deporte, el clima o el inicio de clases en los diferentes años, se produjo un silencio incomodo, todos sabían que era necesario hablar para así terminar con el tabú del episodio ocurrido meses atrás, pero ninguna desidia si era el momento oportuno, aquel reencuentro, para abordarlo.

Luego de unos minutos de silencio, finalmente, Juan fue quien dio el primer paso, inflo su pecho y dijo susurrando –No supe mas nada de los fugados, mi padre dijo que llego un llamado anónimo a la comisaría diciendo que vieron a Martín en los alrededores del pueblo, pero que no estaban seguros que sea cierto-.

Al instante Pedro mostró frialdad en su rostro, miro al vacío del horizonte por entre medio de las rejas negras que perpetraban el colegio y respiro profundamente, recordando a quien fue su mejor amigo. Era evidente el enfado hacia el y el resentimiento guardado ante aquella escena imprevista por todos, pero aun así el solo continuaba pensando en el motivo, la razón por la cual su mejor amigo fue parte de tan oscura acción.

-Lo sentimos amigo, pero mientras tu decidiste encerrarte y desaparecer del mundo negándonos la oportunidad de verte, nosotros seguimos siempre juntos buscándolo a el, buscando respuestas y pensando teorías- Juan orgulloso del labor conjunto con el resto de la pandilla de amigos, levanto su cabeza y decidió sin aprobación del resto, enfrentarse a quien los había negado durante meses.

Pedro dejo de observar el horizonte, apretó sus puños y con furia miro fijamente a su amigo, -¿Realmente crees que yo no intente buscarlo? ¿Crees que me quede encerrado sin buscar respuestas, ni una explicación? No seas idiota, por si no estabas enterado, el es mi mejor amigo, con el viví cosas que jamás viví ni viviré con ninguno de ustedes, pero por sobre todas las cosas yo fui quien lo encontré en el momento del hecho, fui yo quien lo siguió y quien lo enfrento, ¿Crees que no quiero encontrarlo? Lo siento pero aunque te cueste creerlo esto fue mucho mas duro para mi que para todos ustedes.

El muchacho volvió a fijar su vista en el horizonte hasta escuchar el sonido de la campana, era momento de entrar, aunque luego de aquella conversación, no deseaba ni por un instante volver al escenario de los hechos. Los recuerdos aumentaban su ira y su ánimo empeoraba a cada segundo.

El pequeño Charly, el mas pequeño en tamaño y en diferencia de meses con el resto de sus amigos, sacudió su cabeza con ruidos extravagantes y comenzó a caminar hacia la puerta principal del colegio mostrando una sonrisa en su rostro, mientras Pedro, Juan e Ignacio lo observaron atónitos y luego al verse entre ellos con una sonrisa a causa de la ocurrencia del mas bajito, decidieron seguirlo y cambiar el animo general del grupo de amigos.

Caminaron por un largo pasillo de baldosas que separaba con un amplio parque a sus lados, el portón de rejas negras que rodeaba el perímetro perteneciente al colegio, de la construcción general donde se dictaban las clases, llegaron a la puerta de ingreso mientras el encargado de la entrada los miraba con enfado por haberse retrasado, luego doblaron desde el hall de entrada hacia su izquierda a un amplio pasillo que los dirigía al salón de actos, pero antes de llegar a su destino, tras el llamado de Ignacio se percataron de un gran tablero con el nombre y la fotografía de todos los alumnos.

-Esto si que no lo vimos años anteriores- Los cuatro amigos se pararon en fila delante del inmenso cartel y comenzaron a observarlo de punta a punta. Contenía una grilla a través de la cual en su primera columna mencionaba con nombre, apellido y una pequeña foto, a cada uno de los alumnos pertenecientes al colegio y en su fila más alta mostraba el contenido de cada una de las materias a cursar, incluyendo todos los años. En su contenido interno, destacaba cuadro por cuadro, diferentes horarios en cada uno de los alumnos, haciendo coincidir solo a unos pocos.

Luego de observarlo detenidamente mas de una vez, el grupo de amigos comenzó a mirarse entre si y sin decir una palabra todos entendían lo que estaba sucediendo. Llevándose por el cuadro, muy pocos de ellos se encontrarían cursando en un mismo sitio y en el momento de coincidir, seria solo entre dos y nunca serian los mismos. De esta forma quedaría en evidencia que el grupo formado el año anterior por cinco amigos (ahora sin la presencia de Martín quien se fugo) quedaría desecho o al menos sin fortaleza dentro de la institución.

En ese momento llenos de incertidumbre, planteándose si aquello se había hecho con intención de separarlos tras lo ocurrido el año anterior, fueron citados a través del altoparlante, uno por uno a acudir al despecho del director que ordenaba con urgencia hablar con ellos en aquel instante.

Los amigos volvieron a mirarse entre si, sospechando que algo extraño sucedía. Regresaron al hall de entrada y esta vez doblaron por otro de los pasillos que conducía hacia los despachos administrativos del colegio, a sus lados se encontraban cuatro puertas, dos de cada lado, y finalmente por delante de ellos, se hallaba la puerta del despacho principal del director.

Al golpear la entrada, esta se abrió automáticamente tras el sonido de un timbre, los cuatro entraron lentamente, uno por uno, curiosos de observar los alrededores ya que nunca habían sido citados a aquel sitio.

Pedro quien fue el primero en entrar, pudo ver a algunos metros de distancia, un enorme escritorio negro, por detrás de este se hallaba el director quien los miraba fijamente y con poco agrado, sentado de traje, en un amplio sillón de cuero verde. Por detrás de este lo alumbraba un gran ventanal paralizado y a sus lados contra las paredes del despacho, se podían observar cuatro largos ficheros con el rotulo de información clasificada.

Los cuatro muchachos se colocaron  en fila delante del director quien ahora sostenía una carpeta y los observaba uno por uno detenidamente como queriendo ver una verdad a través de ellos que ocultaban a sus espaldas. –Los eh citado en este momento para dejar en claro la situación de la institución así como la de ustedes mismos como miembros involucrados en los últimos acontecimientos que ya todos conocemos-.

Pedro furioso con su director se pregunto de que hablaba cuando decía “miembros involucrados” ¿Acaso su propio director pensaba que ellos eran cómplices de los fugados? Sin embargo se mantuvo en silencio y solo le devolvió su peor mirada demostrando de esta manera el descontento.

-Desde ahora dentro de la institución no será permitido señores verlos a todos ustedes reunidos en momentos libres así como tampoco volverán a cursar sus materias en una misma aula- El director observo su carpeta y puntualizo lo que parecía ser una serie de puntos detallados del accionar del colegio luego de lo sucedido. –También les pediremos que cualquier dato o información que puedan aportarnos para así encontrar a los alumnos fugados, les será agradecido, pero sepan que claramente están en el deber de cumplirlo, estarán en constante observación, que les quede claro que son sospechosos hasta el día que aparezcan los alumnos mencionados. Ahora pueden retirarse y disfrutar del acto inicial-.

Los cuatro callados, meditando las palabras del director regresaron por el pasillo de las oficinas administrativas y nuevamente al hall de entrada, para una vez mas atravesar el pasillo que los dirigiría hacia el salón de actos. En su camino se percataron de diferentes cámaras de seguridad que anteriormente no se encontraban colocadas. De esa forma fueron comprobadas las recientes palabras, ellos serian observados como sospechosos a cada segundo en el colegio y seria cada vez mas complicado resolver el paradero de su amigo Martín.

Al llegar al salón de actos todos los observaron, al parecer los rumores de lo ocurrido los habían involucrado aunque no comprendan el motivo, se mantuvieron por ultima vez unidos soportando las miradas de otros alumnos y profesores durante el lapso de una hora y al finalizar, regresaron al tablero con horarios para anotar los correspondientes a cada uno de ellos, finalmente se despidieron y cada uno emprendió un camino diferente.

Pedro se dirigió hacia las escaleras que conducían al piso superior, allí encontró un largo pasillo repleto de aulas, las cuales en su puerta, con un considerable tamaño, se podían observar los números correspondientes a las diferentes aulas. El muchacho camino lentamente mientras de su bolsillo desprendía el papel en el cual previamente había tomado nota de sus materias correspondiente con su número de aula y horario establecido.

Lunes, nueve horas, aula doce, Historia”

-Aula doce, aula doce- susurraba una y otra vez buscando la puerta correspondiente, mientras pensaba lo injusto que se veía, tener una de las materias que muy poco le agradaban, durante el primer día de clases.

Finalmente llego al aula correspondiente, golpeo su puerta pero al ver que nadie respondía decidió abrirla guiándose por murmullos de voces conocidas.

Al entrar observo diferentes caras conocidas del resto de sus compañeros, los cuales al verlo entrar acordaron un silencio general a través del cual solo se escuchaban algunos murmullos, pero aun así con aproximadamente veinte ojos clavados sobre el.

Algunas de sus ex compañeras decidieron devolverle una sonrisa mientras el clavaba su mirada en cada uno de los que integraban el curso, mientras que aquellos compañeros que conocían la historia previa y se hicieron eco de los rumores generales, solo decidieron devolverle una mirada fría con rostro seco, solo por haber sido el mejor amigo de Martín, lo cual lo hacia heredero de un legado con pocas amistades.

Luego de observarlos, el mucho continúo su camino hacia el escritorio del profesor, le pregunto donde debía sentarse y en respuesta de esto, el hombre de elevada edad, solo le otorgo dos hojas y con su brazo derecho le indico el primer banco de la fila pegada a las ventanas de calle, el cual estaba vacío en sus dos lugares.

Ante el asombro de Pedro y sin omitir ni una palabra mas, el profesor se dedico de lleno a uno de los libros que Leia en aquel momento, mientras quien había preguntado por un lugar, tubo que aceptar el trato y dirigirse hacia la primera fila.

Al sentarse el joven leyó las notas de las hojas que le acababan de ser otorgadas. En el primero, se observaba un examen para conocer el nivel de los estudiantes, repleto de preguntas y el segundo contenía una nota estableciendo que los alumnos se retirarían al terminar la clase, por motivo de ser la primera jornada.

Pasaron algunos minutos y Pedro solo pensaba que luego de un verano de encierro y teorías sobre lo sucedido, ya había llegado el momento, se encontraba nuevamente en un aula, solo que esta vez todo era diferente, ya no tenia a su mejor amigo sentado a su lado, tampoco al resto de sus amigos, todo y todos habían cambiado en tan poco tiempo.

En ese momento, la entrada al aula vuelve a abrirse, en este caso era una joven de cabello negro quien mirando al suelo se dirigió directamente al profesor y este solo le entrego las dos hojas y le indico con su dedo el asiento al lado de Pedro. Ella camino hacia su lugar y al llegar levanto su cabeza sonriéndole, despejando el cabello de su blanca tez y dejando a la vista sus inigualables e hipnotizantes ojos color de la miel.

-No pensé que nos volveríamos a ver tan pronto- Con una sonrisa, la nueva compañera de Pedro se sentó a su lado y comenzó a acomodar sus pertenencias mientras Leia las hojas recién entregadas.

Era increíble la hipnótica sensación del muchacho al tenerla tan cerca, bastaba solo mirarla a sus ojos para sentir que su cuerpo se acercaba al de ella como un imán sin control separando mente de cuerpo y dejando que fluya lo que sea necesario.

Repentinamete un nudo cerro la garganta de Pedro, mientras tartamudeando le devolvía la sonrisa e intentaba consolar la fuerza de tal imán. –Anteriormente no tuve oportunidad de presentarme, Mi nombre es Pedro, vengo a este colegio desde muy chico, es muy agradable volverte a encontrar-.

-Mi nombre es Evelyn Janet Pereyra, es bueno tener de compañero a alguien tan agradable, aunque parecieras tímido, pero sobre todo alguien que ya conozca este colegio desde chico-.

El nudo en la garganta creció junto con la idea de que sea agradable para ella que pueda ser compañeros, cada vez era más difícil controlar el imán. Ella observo las hojas de pedro y le pareció extraño que alguien que este hace tanto tiempo en aquella institución, aun no haya completado las preguntas, que a ella le resultaban tan fáciles de responder.

-¿Por qué aun no resolviste nada? Si tienes dificultades te puedo ayudar, pero ahora dejemos de lado nuestra conversación porque el profesor nos esta observando desde hace unos minutos con mala cara, solo completémoslo y ya tendremos tiempo de conocernos muy bien-.

Pedro asintió con su cabeza y Evelyn comenzó a brindarle su ayuda en silencio y observándolo con una sonrisa que el le devolvía a cada instante, en cada cruce de miradas, cada vez que aquellos ojos color miel conectaban con los suyos y hacían que la materia que mas detestaba se convierta en un momento agradable, el mas agradable desde hacia largos meses.

El estado hipnótico continuaba y cada vez con mas fuerza, el resto de las personas que integraban el curso parecían haber desaparecido en un vinculo que solo ellos dos podían confeccionar, ese vinculo que el percibía como algo mutuo, algo único, algo tan especial como el hecho de que ella, sin lugar a dudas seria por siempre, la mujer soñada.



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