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La
mujer soñada.
El sol poco a poco comenzó a alzarse en la pequeña cuidad de Sargento
Pereyra. Tras una tormenta continua, aquella mañana de verano comenzaba algo
fresca y ventosa, esta ciudad no alcanzaba las cincuenta cuadras de largo y
principalmente había sido creada como un pequeño pueblo, algo común, con su
plaza céntrica, la cual rodeaban su catedral, municipio, correo, hospital y
museo histórico.
Con el tiempo Sargento Pereyra fue creciendo y siendo popular entre los
pueblos de alrededores, muy cerca de sus ultimas manzanas un gran prado con un
bello verde se levantaba hasta perderse en el horizonte, hacia lo lejos se
podía escuchar un viejo tren de pasajeros el cual unía las ciudades de los
alrededores con la gran cuidad capital y mas allá un pequeño pero veloz río el
cual los ciudadanos utilizaban para divertirse y refrescarse en el durante los días
de calor.
El verano intenso ya se encontraba en sus últimas horas y el tiempo lo
comenzaba a hacer notar en sus ciudadanos, los cuales comenzaban a abrigar y
preparar a sus hijos para el gran comienzo de una nueva jornada escolar la que
para algunos de ellos era la primera, pero para otros jóvenes se trataba de su
ultimo periodo, lo cual hacia de este, un día especial, emocionante y hasta
entrañable.
Pedro Suárez, de diecisiete años de edad, era uno de estos tantos
jóvenes que iniciarían una nueva etapa escolar, pero en este caso su madre
luego de diversos intentos aun no había logrado despertarlo ya que este había
tenido una noche única, distinta a otras, la cual no olvidaría por el resto de
su vida.
Pedro finalmente abandono aquel descanso tan cobijante y comenzó a abrir
lentamente sus ojos, luego observo su reloj despertador y allí encontró la
manera ideal para comenzar aquella mañana con inmenso pánico.
Rápidamente comenzó a vestirse de manera adecuada para acudir a su
colegio. Quedaba muy poco tiempo, pero no debía detenerse por ninguna razón, ya
que tras los hechos que transcurrieron sobre los días finales de su último año,
había perdido la confianza de su director quien este año probablemente lo tenga
en constante vigilancia, por el hecho de haber sido el mejor amigo de uno de
los denominados “fugados”.
Luego de preparar su mochila, con los elementos básicos de estudio, lavo
su rostro y peino como le fue posible sus cabellos negros, una vez ya listo
para continuar camino bajo a los saltos las escaleras de su hogar y se detuvo a
tomar un rápido desayuno el cual había sido preparado por su madre, este mas
allá de su corto tiempo halagó a quien le dio la vida y le deseo una buena
mañana al igual que hizo con su hermana menor, las cuales eran su única familia
en aquel momento.
Mas allá de su veloz ritmo de preparación, aun sentía un enorme
cansancio tras haber descansado muy poco durante la noche anterior, sus ojos
aun permanecían de un rojo intenso y este cansancio se hizo notar luego de que
el joven chico saliera de su casa y comenzara a caminar por la vereda de su
casa sintiendo el sol creciente del lejano amanecer frente a el.
-¡Pedro, olvidas tu bicicleta!- con una amplia sonrisa su hermana grito
desde la puerta de su hogar dejando paralizado al muchacho quien estaba
llegando a la esquina y sintiendo una enorme vergüenza.
Regreso caminando rápidamente y observando a su hermana con gesto reprobado
por aquel grito singular, ella no comprendió su enojo y nuevamente regreso a
continuar preparándose para acudir a su colegio primario. El abrió una de las
puertas de su hogar la cual se encontraba sobre la izquierda de su sala de
estar, donde guardaba su vehiculo entre un viejo garaje el cual ahora era
utilizado como deposito.
Pedro nuevamente perdió parte de su tiempo en revisar e inflar las
ruedas de su bicicleta para poder llegar con rapidez y comodidad a su colegio,
luego de esto acomodo su mochila y salio hacia las calles, las cuales aun se mantenían
arrastrando rastros de las lluvias nocturnas.
Doblo sobre la izquierda y recordó con angustia que sobre aquella calle
Yessica había desaparecido en la oscuridad hacia algunas horas, eso le recordó que
pretendía encontrarla luego de su primer jornada escolar, es por esto que
apresuro aun mas su camino como creyendo apresurar el tiempo junto consigo y se
encamino hacia la avenida principal.
Allí el transito era mucho mas fluido, aumento aun mas su velocidad y
dejo llevarse en bajada observando a sus alrededores hasta al fin encontrar un
puesto de periódicos, en aquel sitio freno su marcha y saludo cordialmente a un
viejo vendedor de unos sesenta años de edad.
-Es extraño verte aquí, ¿No llegaras tarde a tu colegio?- el vendedor de
periódicos sonreía ampliamente al joven Pedro quien lo conocía desde poco
después de haber nacido, mientras sacudía sus cabellos con la palma de su mano
y golpeaba con palmadas su espalda de manera amable.
-Hola Ricardo, yo también me alegro de verlo, pero como usted dijo estoy
retrasado en mi viaje, ¿Me Daria el periódico de la ciudad del día de hoy?- el
joven algo molesto y cansado pidió con gesto amable y distante a su vez un periódico,
el cual coloco por dentro de su mochila, la cual no lo llego a encerrar y
dejaba que sobresalga por sobre su parte superior.
El muchacho nuevamente subió a su bicicleta y emprendió a gran velocidad
el viaje hacia aquel destino que lo esperaba, mientras los minutos continuaban
transcurriendo y su tardanza se hacia aun mas alevosa.
Su velocidad aumentaba a medida que la distancia se hacia mas corta, la
avenida principal a cada segundo parecía mas repleta de vehículos alocados e
irrespetuosos, muy pocos respetaban las normas de transito y dejaban avanzar
con facilidad al vehiculo mas pequeño, todos eran dueños de la desesperación
que los abordaba por las tardanzas o los cortos pasos de tiempo, pero el
muchacho con habilidad y algo de suerte pudo resolver aquellos obstáculos y
finalmente doblar sobre la calle que lo dejaría sobre las puertas dm su
colegio.
Aquel colegio se hallaba sobre un amplio terreno, rodeado por rejas
negras de considerable altura, por fuera unas prolijas y anchas veredas
mostraban una amplia procesión de personas, madres y niños que acudían a
aquella importante primer jornada escolar, por dentro, un bello parque de un
verde y gustoso pasto, caminos con bancos blancos para aquellos alumnos que
quisieran sentarse a esperar el inicio de sus clases, árboles y plantas que
decoraban de belleza aquel sector y finalmente una prolija fuente de agua la
cual lanzaba sus grandes chorros hacia lo mas alto y luego caían sobre unos
pequeños canales de aquel suelo los cuales permitían regar cada parte de aquel
espacio verde.
Al llegar sobre aquella cuadra, Pedro bajo su velocidad y comenzó a
transitar por delante de todos ellos, buscaba a sus amigos pero no los podía
encontrar allí, el ver aquella multitud lo tranquilizaba ya que el timbre de
inicio aun parecía no haber sonado, llego hacia el portón negro y se coloco
sobre la entrada de este, le comenzaba a costar mantenerse de pie, las andanzas
de la noche anterior estaban surtiendo efecto sobre el, pero era necesario despabilarse
y prestar atención durante el transcurso de aquel día.
Ya que debería mantenerse despierto y esperar allí parado, decidió
buscar el periódico de la ciudad que había adquirido hacia unos minutos con
motivo de buscar alguna noticia con respecto a Yessica, estiro una de sus manos
hacia la mochila que se encontraba sobre su espalda pero no obtuvo resultado,
luego algo molesto se quito aquella mochila y lo busco mas cómodamente, esta se
encontraba abierta y el periódico buscado no se hallaba dentro.
Con gran fastidio comenzó a buscarlo a su alrededor por sobre la vereda,
entre la gran multitud, pero parecía inútil su hallazgo, se mantuvo quieto,
murmuraba insultos por lo bajo, se encontraba decepcionado de si mismo y sabia
que todo aquello ere efecto del cansancio por los sucesos de su reciente noche.
En ese momento alguien golpeo su hombro tres veces llamándolo con
suavidad, el joven muchacho aun con fastidio, a punto de insultar a quien lo
molestaba en aquel momento dio una vuelta abruptamente, esperaba encontrar a
uno de sus amigos los cuales continuaban sin aparecer, pero la sorpresa fue
grande al deslumbrarse con la persona que llamo su atención.
-Lo siento, no quise molestarte, creo que esto se te a caído hace unos
minutos.- Pedro se mantuvo inmóvil y boquiabierto observando a quien omitía
estas palabras, se trataba de una chica de quizás su misma edad, de estatura
menor a el pero por solo unos escasos centímetros, tez blanca, cabellos negros
y lacios, de un largo que podían alcanzar su cintura, un rostro angelical, una sonrisa
encantadora, su cuerpo era tan bello como descendiente de la diosa afrodita y su
mirada penetrante, inolvidable, hipnótica, dueña de aquellos ojos del color de
la miel que ya había tenido el placer de conocer.
-No, no hay ningún problema- Las palabras salían lentamente y de forma
inentendible de los labios de Pedro, se encontraba fascinado por aquella
situación, sorprendido, era la chica, la protagonista mas bella de aquel sueño
inolvidable, era la belleza dentro de la oscuridad de su extraña pesadilla, una
presencia única, la cual emanaba un brillo propio y el solo se mantuvo quieto,
boquiabierto y sus palabras salían con esfuerzo. –Gracias-.
Ella sonrío tímida frente a la reacción de su receptor, a su vez, el,
tardo algunos segundos en recibir el periódico que ella poseía en su mano
derecha, al recibirlo se mantuvo pensativo, mirando a la chica de ojos miel, no
podía comprender como había ocurrido, como había logrado soñar horas antes con
ella.
Pasaron unos segundos observándose y a su vez esquivando incómodamente
la mirada, en silencio, tímidos, sin saber que decir. Luego de esto la larga
fila de personas que esperaba delante del portón negro comenzó a avanzar a paso
fluido mientras todos sonreían observando al paralizado muchacho que luego de
aquel encentro jamás esperado, no pudo encontrar reacción.
La chica de ojos color de la miel se acerco nuevamente a el y le
pregunto si se encontraba bien, parecía pálido, asustado, lo cual hizo que ella
se sorprenda y hasta se asuste, pero el la volvió a observar a los ojos y con
una amplia sonrisa asintió gustoso de aquel encuentro por mas shokeante que parezca.
-Bueno, la fila esta avanzando, debo irme, quizás nos crucemos dentro en
algún momento, fue un placer- Tras estas palabras la chica se sumo a la fila
mientras que Pedro, idiotizado por su presencia solo la saludo sonriendo,
tembloroso y agitando su mano.
Era increíble de solo pensarlo, la chica de su extraño sueño, la que
tanto lo había deslumbrado, aquellos ojos tan fuertes y únicos le pertenecían,
pero toda su presencia en general fue impactante, era única, era inolvidable y
estaba allí, en su colegio, acababa de hablar con ella, pero fuera de esto lo
mas perturbarte fue el hecho de que jamás antes se habían encontrado, este fue
su primer encuentro y sin embargo soñó con ella, en aquel sueño o pesadilla tan
vivido, tan único.
Nada mas importaba en ese momento, la fila de gente, las gotas
retrasadas de la lluvia anterior, todo desapareció en un vacío que volcaba solo
sus pensamientos inconclusos pertenecientes a aquel sueño tan real, solo eso
importaba, hasta que de repente un fuerte golpe sobre su cuello lo recobro a la
realidad al instante. – ¿Te quedaste despierto por la noche y ahora no resistís?-
Se trataba de sus amigos quienes al fin aparecían, todos juntos muy alegres de
volver a ver a Pedro.
-No era necesario ese golpe, ¿Dónde se supone que se encontraban?- Pedro
muy furioso por despertar de su estado hipnótico observo con desagrado a sus
amigos, pero el enfado no duro mucho. Más allá de su molestia, era inevitable
el entrañable reencuentro luego de meses sin cruzarse durante el receso entre
un año y el otro, mientras el solo prefirió aislarse de todo y todos.
Luego de saludos y conversación llevadas a lugares comunes como el
deporte, el clima o el inicio de clases en los diferentes años, se produjo un
silencio incomodo, todos sabían que era necesario hablar para así terminar con
el tabú del episodio ocurrido meses atrás, pero ninguna desidia si era el
momento oportuno, aquel reencuentro, para abordarlo.
Luego de unos minutos de silencio, finalmente, Juan fue quien dio el
primer paso, inflo su pecho y dijo susurrando –No supe mas nada de los fugados,
mi padre dijo que llego un llamado anónimo a la comisaría diciendo que vieron a
Martín en los alrededores del pueblo, pero que no estaban seguros que sea
cierto-.
Al instante Pedro mostró frialdad en su rostro, miro al vacío del
horizonte por entre medio de las rejas negras que perpetraban el colegio y
respiro profundamente, recordando a quien fue su mejor amigo. Era evidente el
enfado hacia el y el resentimiento guardado ante aquella escena imprevista por
todos, pero aun así el solo continuaba pensando en el motivo, la razón por la
cual su mejor amigo fue parte de tan oscura acción.
-Lo sentimos amigo, pero mientras tu decidiste encerrarte y desaparecer
del mundo negándonos la oportunidad de verte, nosotros seguimos siempre juntos buscándolo
a el, buscando respuestas y pensando teorías- Juan orgulloso del labor conjunto
con el resto de la pandilla de amigos, levanto su cabeza y decidió sin
aprobación del resto, enfrentarse a quien los había negado durante meses.
Pedro dejo de observar el horizonte, apretó sus puños y con furia miro
fijamente a su amigo, -¿Realmente crees que yo no intente buscarlo? ¿Crees que
me quede encerrado sin buscar respuestas, ni una explicación? No seas idiota,
por si no estabas enterado, el es mi mejor amigo, con el viví cosas que jamás viví
ni viviré con ninguno de ustedes, pero por sobre todas las cosas yo fui quien
lo encontré en el momento del hecho, fui yo quien lo siguió y quien lo
enfrento, ¿Crees que no quiero encontrarlo? Lo siento pero aunque te cueste
creerlo esto fue mucho mas duro para mi que para todos ustedes.
El muchacho volvió a fijar su vista en el horizonte hasta escuchar el
sonido de la campana, era momento de entrar, aunque luego de aquella
conversación, no deseaba ni por un instante volver al escenario de los hechos.
Los recuerdos aumentaban su ira y su ánimo empeoraba a cada segundo.
El pequeño Charly, el mas pequeño en tamaño y en diferencia de meses con
el resto de sus amigos, sacudió su cabeza con ruidos extravagantes y comenzó a
caminar hacia la puerta principal del colegio mostrando una sonrisa en su
rostro, mientras Pedro, Juan e Ignacio lo observaron atónitos y luego al verse
entre ellos con una sonrisa a causa de la ocurrencia del mas bajito, decidieron
seguirlo y cambiar el animo general del grupo de amigos.
Caminaron por un largo pasillo de baldosas que separaba con un amplio
parque a sus lados, el portón de rejas negras que rodeaba el perímetro
perteneciente al colegio, de la construcción general donde se dictaban las
clases, llegaron a la puerta de ingreso mientras el encargado de la entrada los
miraba con enfado por haberse retrasado, luego doblaron desde el hall de
entrada hacia su izquierda a un amplio pasillo que los dirigía al salón de
actos, pero antes de llegar a su destino, tras el llamado de Ignacio se
percataron de un gran tablero con el nombre y la fotografía de todos los
alumnos.
-Esto si que no lo vimos años anteriores- Los cuatro amigos se pararon
en fila delante del inmenso cartel y comenzaron a observarlo de punta a punta. Contenía
una grilla a través de la cual en su primera columna mencionaba con nombre,
apellido y una pequeña foto, a cada uno de los alumnos pertenecientes al
colegio y en su fila más alta mostraba el contenido de cada una de las materias
a cursar, incluyendo todos los años. En su contenido interno, destacaba cuadro
por cuadro, diferentes horarios en cada uno de los alumnos, haciendo coincidir
solo a unos pocos.
Luego de observarlo detenidamente mas de una vez, el grupo de amigos comenzó
a mirarse entre si y sin decir una palabra todos entendían lo que estaba
sucediendo. Llevándose por el cuadro, muy pocos de ellos se encontrarían
cursando en un mismo sitio y en el momento de coincidir, seria solo entre dos y
nunca serian los mismos. De esta forma quedaría en evidencia que el grupo
formado el año anterior por cinco amigos (ahora sin la presencia de Martín
quien se fugo) quedaría desecho o al menos sin fortaleza dentro de la
institución.
En ese momento llenos de incertidumbre, planteándose si aquello se había
hecho con intención de separarlos tras lo ocurrido el año anterior, fueron
citados a través del altoparlante, uno por uno a acudir al despecho del
director que ordenaba con urgencia hablar con ellos en aquel instante.
Los amigos volvieron a mirarse entre si, sospechando que algo extraño sucedía.
Regresaron al hall de entrada y esta vez doblaron por otro de los pasillos que conducía
hacia los despachos administrativos del colegio, a sus lados se encontraban
cuatro puertas, dos de cada lado, y finalmente por delante de ellos, se hallaba
la puerta del despacho principal del director.
Al golpear la entrada, esta se abrió automáticamente tras el sonido de
un timbre, los cuatro entraron lentamente, uno por uno, curiosos de observar
los alrededores ya que nunca habían sido citados a aquel sitio.
Pedro quien fue el primero en entrar, pudo ver a algunos metros de
distancia, un enorme escritorio negro, por detrás de este se hallaba el
director quien los miraba fijamente y con poco agrado, sentado de traje, en un
amplio sillón de cuero verde. Por detrás de este lo alumbraba un gran ventanal paralizado
y a sus lados contra las paredes del despacho, se podían observar cuatro largos
ficheros con el rotulo de información clasificada.
Los cuatro muchachos se colocaron
en fila delante del director quien ahora sostenía una carpeta y los
observaba uno por uno detenidamente como queriendo ver una verdad a través de ellos
que ocultaban a sus espaldas. –Los eh citado en este momento para dejar en
claro la situación de la institución así como la de ustedes mismos como
miembros involucrados en los últimos acontecimientos que ya todos conocemos-.
Pedro furioso con su director se pregunto de que hablaba cuando decía
“miembros involucrados” ¿Acaso su propio director pensaba que ellos eran cómplices
de los fugados? Sin embargo se mantuvo en silencio y solo le devolvió su peor
mirada demostrando de esta manera el descontento.
-Desde ahora dentro de la institución no será permitido señores verlos a
todos ustedes reunidos en momentos libres así como tampoco volverán a cursar
sus materias en una misma aula- El director observo su carpeta y puntualizo lo
que parecía ser una serie de puntos detallados del accionar del colegio luego
de lo sucedido. –También les pediremos que cualquier dato o información que
puedan aportarnos para así encontrar a los alumnos fugados, les será
agradecido, pero sepan que claramente están en el deber de cumplirlo, estarán
en constante observación, que les quede claro que son sospechosos hasta el día
que aparezcan los alumnos mencionados. Ahora pueden retirarse y disfrutar del
acto inicial-.
Los cuatro callados, meditando las palabras del director regresaron por
el pasillo de las oficinas administrativas y nuevamente al hall de entrada,
para una vez mas atravesar el pasillo que los dirigiría hacia el salón de
actos. En su camino se percataron de diferentes cámaras de seguridad que
anteriormente no se encontraban colocadas. De esa forma fueron comprobadas las
recientes palabras, ellos serian observados como sospechosos a cada segundo en
el colegio y seria cada vez mas complicado resolver el paradero de su amigo Martín.
Al llegar al salón de actos todos los observaron, al parecer los rumores
de lo ocurrido los habían involucrado aunque no comprendan el motivo, se
mantuvieron por ultima vez unidos soportando las miradas de otros alumnos y
profesores durante el lapso de una hora y al finalizar, regresaron al tablero
con horarios para anotar los correspondientes a cada uno de ellos, finalmente
se despidieron y cada uno emprendió un camino diferente.
Pedro se dirigió hacia las escaleras que conducían al piso superior, allí
encontró un largo pasillo repleto de aulas, las cuales en su puerta, con un
considerable tamaño, se podían observar los números correspondientes a las
diferentes aulas. El muchacho camino lentamente mientras de su bolsillo desprendía
el papel en el cual previamente había tomado nota de sus materias
correspondiente con su número de aula y horario establecido.
“Lunes, nueve horas, aula doce, Historia”
-Aula doce, aula doce- susurraba una y otra vez buscando la puerta
correspondiente, mientras pensaba lo injusto que se veía, tener una de las materias
que muy poco le agradaban, durante el primer día de clases.
Finalmente llego al aula correspondiente, golpeo su puerta pero al ver
que nadie respondía decidió abrirla guiándose por murmullos de voces conocidas.
Al entrar observo diferentes caras conocidas del resto de sus
compañeros, los cuales al verlo entrar acordaron un silencio general a través
del cual solo se escuchaban algunos murmullos, pero aun así con aproximadamente
veinte ojos clavados sobre el.
Algunas de sus ex compañeras decidieron devolverle una sonrisa mientras
el clavaba su mirada en cada uno de los que integraban el curso, mientras que
aquellos compañeros que conocían la historia previa y se hicieron eco de los
rumores generales, solo decidieron devolverle una mirada fría con rostro seco,
solo por haber sido el mejor amigo de Martín, lo cual lo hacia heredero de un
legado con pocas amistades.
Luego de observarlos, el mucho continúo su camino hacia el escritorio
del profesor, le pregunto donde debía sentarse y en respuesta de esto, el
hombre de elevada edad, solo le otorgo dos hojas y con su brazo derecho le
indico el primer banco de la fila pegada a las ventanas de calle, el cual
estaba vacío en sus dos lugares.
Ante el asombro de Pedro y sin omitir ni una palabra mas, el profesor se
dedico de lleno a uno de los libros que Leia en aquel momento, mientras quien había
preguntado por un lugar, tubo que aceptar el trato y dirigirse hacia la primera
fila.
Al sentarse el joven leyó las notas de las hojas que le acababan de ser
otorgadas. En el primero, se observaba un examen para conocer el nivel de los
estudiantes, repleto de preguntas y el segundo contenía una nota estableciendo
que los alumnos se retirarían al terminar la clase, por motivo de ser la primera
jornada.
Pasaron algunos minutos y Pedro solo pensaba que luego de un verano de
encierro y teorías sobre lo sucedido, ya había llegado el momento, se
encontraba nuevamente en un aula, solo que esta vez todo era diferente, ya no
tenia a su mejor amigo sentado a su lado, tampoco al resto de sus amigos, todo
y todos habían cambiado en tan poco tiempo.
En ese momento, la entrada al aula vuelve a abrirse, en este caso era
una joven de cabello negro quien mirando al suelo se dirigió directamente al
profesor y este solo le entrego las dos hojas y le indico con su dedo el
asiento al lado de Pedro. Ella camino hacia su lugar y al llegar levanto su
cabeza sonriéndole, despejando el cabello de su blanca tez y dejando a la vista
sus inigualables e hipnotizantes ojos color de la miel.
-No pensé que nos volveríamos a ver tan pronto- Con una sonrisa, la
nueva compañera de Pedro se sentó a su lado y comenzó a acomodar sus
pertenencias mientras Leia las hojas recién entregadas.
Era increíble la hipnótica sensación del muchacho al tenerla tan cerca,
bastaba solo mirarla a sus ojos para sentir que su cuerpo se acercaba al de
ella como un imán sin control separando mente de cuerpo y dejando que fluya lo
que sea necesario.
Repentinamete un nudo cerro la garganta de Pedro, mientras tartamudeando
le devolvía la sonrisa e intentaba consolar la fuerza de tal imán.
–Anteriormente no tuve oportunidad de presentarme, Mi nombre es Pedro, vengo a
este colegio desde muy chico, es muy agradable volverte a encontrar-.
-Mi nombre es Evelyn Janet Pereyra, es bueno tener de compañero a
alguien tan agradable, aunque parecieras tímido, pero sobre todo alguien que ya
conozca este colegio desde chico-.
El nudo en la garganta creció junto con la idea de que sea agradable
para ella que pueda ser compañeros, cada vez era más difícil controlar el imán.
Ella observo las hojas de pedro y le pareció extraño que alguien que este hace
tanto tiempo en aquella institución, aun no haya completado las preguntas, que
a ella le resultaban tan fáciles de responder.
-¿Por qué aun no resolviste nada? Si tienes dificultades te puedo
ayudar, pero ahora dejemos de lado nuestra conversación porque el profesor nos
esta observando desde hace unos minutos con mala cara, solo completémoslo y ya
tendremos tiempo de conocernos muy bien-.
Pedro asintió con su cabeza y Evelyn comenzó a brindarle su ayuda en
silencio y observándolo con una sonrisa que el le devolvía a cada instante, en
cada cruce de miradas, cada vez que aquellos ojos color miel conectaban con los
suyos y hacían que la materia que mas detestaba se convierta en un momento
agradable, el mas agradable desde hacia largos meses.
El estado hipnótico continuaba y cada vez con mas fuerza, el resto de
las personas que integraban el curso parecían haber desaparecido en un vinculo
que solo ellos dos podían confeccionar, ese vinculo que el percibía como algo
mutuo, algo único, algo tan especial como el hecho de que ella, sin lugar a
dudas seria por siempre, la mujer soñada.


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