-1-
Decisiones una noche de tormenta.
Era una noche tormentosa, en ella se extendía una tenebrosa oscuridad, allí, un joven se encontraba sobre el comienzo de un extraño pasillo, a sus ambos lados, dos amplias paredes se extendían cubriendo todo su recorrido, encerrándolo y arrastrándolo en aquella escalofriante situación. Por sobre su cabeza, el cielo abierto dejaba caer velozmente gota tras gota, tornándose en aquella constante lluvia torrencial.
El muchacho, un joven, moreno, de cabello despeinado, algo largo y descuidado, alto y delgado, se encontraba golpeado, cansado y empapado por el tan molesto clima, pero al parecer esto poco le importaba, parecía tener en claro su objetivo, atravesar aquel pasillo, pero en su mente lo invadía un temor, una extraña mezcla entre detenerse y continuar, una sensación a dejavú incrementaba los latidos de su corazón y de forma extraña su respiración.
Comenzó a caminarlo, lentamente, miraba hacia el suelo y luego hacia delante, corría un gran temor en su mente, lo tenebroso de aquella oscuridad era el hecho de que no podía ver a sus alrededores y no tenia idea de lo correcto o lo incorrecto de su siguiente paso, pero esa sensación, ese desafío de terminar el camino de aquel pasillo era demasiado grande, algo lo esperaría del otro lado, no tenia en claro si era bueno o malo, pero sea lo que fuese lo esperaba allí.
El muchacho continuaba camino, ya casi se hallaba a mitad de pasillo, repentinamente, una luz resplandeciente alumbro durante una milésima de segundo todo su recorrido. Un relámpago seguido de un fuerte trueno, incrementaba la caída de aquella lluvia, pero el joven tomo esto como una señal positiva, gracias a ello, los relámpagos alumbrarían su camino, ahora todo parecía mas claro y seguro, sus miedos se Irian lentamente y podría continuar con mayor seguridad.
El joven herido, continua su rumbo con la cabeza levantada, pero en ese momento siente una presencia vigilándolo desde el otro extremo, continuo algunos pasos, aquella presencia lo inquietaba y hasta causaba temor en su ser, pero pronto tras el siguiente relámpago todo se iluminaria y comprendería de quien se trataba.
Y allí sucedió, fijo su mirada de forma recta sobre aquella figura, se concentro en quien se ubicaba sobre el final de aquel tenebroso camino, hasta que callo el siguiente relámpago, todo sucedió en cuestión de segundos, una extraña sensación en su cuerpo lo invadió, su cuerpo se paralizo y su corazón dio un salto al ver aquella persona.
Se trataba de una mujer, una joven muchacha, con una edad aproximada a la del joven, de estatura medianamente alta, tez blanca, piel suave, un rostro angelical, cabello negro y largo hasta su cintura, una figura ideal, pero sobre todas las cosas, lo que aun mas llamo la atención del muchacho fueron sus ojos, aquellos ojos cambiarían su vida para siempre, tan bellos, de color miel, de mirada penetrante y dulce, tan hipnotizantes, tan únicos, encantadores, lo cual hacia que esta joven sea alguien única.
La observo durante las pocas milésimas de segundo que duro aquel relámpago, pero luego todo volvió a oscurecerse como antes, la lluvia torrencial parecía haber aumentado y todo se hacia mucho mas difuso, comenzó a caminar, sentía que la conocía de algún lugar aunque al mismo tiempo estaba tan seguro de nunca antes haberla visto, ¿Cómo olvidarse se aquella bella muchacha? ¿Cómo olvidar esos ojos color miel?
Continuo su recorrido, ya había superado el centro de aquel pasillo, estaba muy cerca del final, debía alcanzarla, necesitaba saber quien era y porque se encontraba en aquel sitio, sus pasos ya no eran cuidadosos, los charcos en sus pies hacían todo aun mas difícil, ya faltaba muy poco, pero repentinamente una grieta se abrió desde el suelo, los charcos comenzaron a succionarse con fuerza, y esta corriente lo arrastro a el mismo hacia lo mas profundo de aquel oscuro hueco misterioso.
El muchacho callo y callo miles de metros, todo comenzó a nublarse a su alrededor, todo empezaba a parecer tan irreal, ya no sentía su cuerpo mojado, ya no caía, todo estaba cambiando a su alrededor, solo continuaba la oscuridad de la noche, pero esta vez era en un contexto diferente, esta vez abordaba su placido descansar.
Pedro Suárez abrió sus ojos, demasiado confuso por aquel sueño, se acurruco sobre su cama y giro hacia un lado y hacia el otro, había sido todo tan real, es por eso que no pudo conciliar el sueño, luego de unos minutos decidió sentarse sobre su cama y comprendió que era necesario despejar un poco su cabeza.
Camino hacia la ventana, observo por ella las tranquilas calles de su barrio, era todo tan solitario, al parecer seria difícil despejarse de tan real pesadilla, observo hacia su habitación, en ella todo tenia un común orden, el respaldo de su cama se apoyaba sobre una de las paredes, a su lado una mesa de luz con un viejo velador y recostada por sobre la derecha de este, una linterna de metal la cual utilizaba como precaución ya que en aquel verano los cortes de luz eran muy frecuentes. Hacia el otro lado de su cama un gran ropero marrón de tres puertas y algunos cajones ocupaba casi toda su pared.
Sobre la misma pared de este ropero, se encontraba la puerta, Pedro se dirigió hacia ella y luego encamino su rumbo hacia las escaleras, comenzó a bajar lentamente, aun se encontraba algo mareado y las imágenes de aquel sueño todavía lo abrumaban, sobre todo aquellos ojos tan penetrantes, tan inolvidables.
El joven entro al baño, prendió la canilla y mojo su cabeza, luego miro hacia el espejo y allí volvió a ver la cara de la joven, estaba clavada en sus pensamientos, no podía despejarse, luego se dirigió hacia su cocina, tomo algo de agua y una vez mas fresco volvió a subir hacia su habitación.
Observo nuevamente por su ventana, la lluvia que caía durante la noche ya solo eran algunas gotas leves, todo parecía volver a la normalidad, el viento dejaba de soplar con fuerza y el frío dejaba de ser tal para regresar al clima pesado de verano, nada ni nadie pasaba por aquella vereda, solo se podían escuchar algunas gotas retrasadas en su caída, lentamente y suavemente generando una gotera algo molesta.
Pedro de solo diecisiete años de edad, al día siguiente retomaría sus estudios, seria el primer día de clases de una nueva etapa, tras los trágicos hechos del fin de año anterior donde algunos de sus compañeros causaron estragos en el colegio y luego se dieron a fuga, quedaban muchas incógnitas para el día siguiente, ¿Quien ocuparía los lugares vacíos que dejaron los fugados? ¿Alguien tendrá nuevas noticias sobre su paradero? ¿Cómo se encontraran sus amigos tras todo un verano de encierro sin verlos? Todas estas preguntas no tendrían respuesta hasta el instante en el que los vuelva a encontrar.
El joven moreno, había permanecido todo el verano aislado tras estos sucesos ya que uno de los fugados era su mejor amigo, quien se enfrento a el durante esa jornada y lo traiciono para luego abandonarlo diciéndole que todo lo hacia por su bien, lo cual el nunca pudo perdonarle, deseaba saber de el, pero al mismo tiempo necesitaba despejarse, concentrarse en algo nuevo, aislarse del mundo por un tiempo y es por esto que durante todo el verano no mantuvo contacto con ninguno de sus amigos ni nada que tenga que ver con su colegio.
Volvió a recostarse, observo su reloj y se alarmo al descubrir que ya eran las tres y cuarto de la madrugada, tenia muy poco tiempo para poder conciliar su sueño, dio algunas vueltas, paso de taparse a destaparse y nuevamente a taparse varias veces pero nada lo lograba conciliar el sueño, decidió sentarse una vez mas, ir a observar hacia su ventana, nada ocurría, dejo una parte de esta entre abierta para que los sonidos del ambiente de su barrio lo pudiesen dormitar, pero nada funcionaba.
Giro su cuerpo y encamino su recorrido de regreso hacia su cama, era demasiado frustrante la sensación de insomnio tras aquella pesadilla, era demasiado incomodo, sobre todo sabiendo que en pocas horas debería volver a levantarse y tendría una larga jornada, pero al parecer su cuerpo se empecinaba en mantenerlo despierto.
Se quito su calzado, respiro profundamente cerrando sus ojos y observando su cama con fastidio se arrodillo en ella para luego comenzar a acomodarse, pero repentinamente un sonido inquietante provino de las calles, un vehiculo a gran velocidad doblaba por la esquina de su casa, Pedro decidió de un salto volver hacia su ventana y observar que le sucedía a aquel sujeto, quien según sus propias conjeturas era un ebrio a punto de chocarse ayudado por el asfalto mojado.
La situación observada fue mayoritariamente peor a lo que el creía, una joven muchacha de aspecto desarreglado, herida, agitada, corría por delante de aquel vehiculo, estaba siendo perseguida, se encontraba desesperada, detrás de ella un vehiculo negro con sus vidrios paralizados intento frenar tras doblar sobre la esquina de su cuadra, pero tras los mencionados efectos del asfalto mojado sus ruedas patinaron y se estanco directamente sobre la boca de tormenta que se hallaba a pocos metros de su casa.
La joven continuo corriendo, tras darse vuelta y observar que sus perseguidores tuvieron un percance, decidió doblar hacia la derecha, pero en ese preciso momento, de dentro del vehiculo, dos sujetos de traje salen furiosos y la observan, uno de ellos saca en cuestión de segundos un revolver e instantáneamente le dispara a la joven tres veces.
Esta situación aterro a Pedro, quien se escondió detrás de la pared de su habitación sentado por debajo de su ventana, su pecho estaba agitado, tenia temor que aquellos extraños hombres lo pudiesen ver, espero unos minutos y luego de calmar un poco su nerviosismo se fue asomando poco a poco hasta poder ver como seguía todo allí.
Extrañamente todo había cambiado, todo se había tornado en un clima natural, normal, calido, sin rastros de nada ni nadie, no había vehiculo estancado, ni extraños hombres, ni sonidos, ni la joven desesperada, nada de eso se encontraba allí, había desaparecido todo con tanta rapidez como había ocurrido en su aparición.
Pedro no comprendía como pudo pasar aquello, pero encontró la solución lógica, o al menos dentro de su lógica durante aquellas horas de la madrugada, lo cual el creía que se trataba del producto de su propia imaginación, tras la pesadilla, tras las pocas horas de cansancio, tras la presión por el día siguiente, era demasiado real, pero demasiado irreal como había ocurrido, quizás el joven estaba enloqueciendo minuto a minuto, rasco su cabeza, revolvió sus cabellos despeinados y volvió a recostarse en su cama, era evidente que ahora si debía descansar y pactar con el sueño una tregua para poder dormir profundamente aquellas pocas horas restantes.
Esta vez al errar sus ojos todo era tan calido, poco a poco el sueño se iba apoderando de el, como un hechizo, como si estuviese siendo hipnotizado por una fuerza mayor, ya no sentía las goteras producto de la lluvia recientemente caída, ya no sentía aquella brisa que entraba por su ventana y tampoco el pesado calor de verano, ya no sentía nada de ello y tampoco vivía en pesadillas, solo sonreía mientras su cuerpo se elevaba en la nada misma, en el vacío en la profundidad mas calida y reconfortante que siempre lo acobijo, en cansancio pacto con el sueño y ambos le dieron su merecido descanso.
Todo era tan perfecto, tan despreocupado, tan único cuando se encontraba en la profundidad de aquel vacío, siendo cobijado por los brazos del descanso, solo una imagen aparecía en su mente que daba vueltas una y otra vez entre tanto vacío, aquellos ojos color miel, aquella tan penetrante mirada, tan única, tan especial, la cual transmitía tanta paz, era lo único de todo aquello que su inconciente pretendía recordar, lo mas bellos y seguro de todas sus experiencias durante la noche anterior.
Pero poco a poco, esa sensación de profundo descanso eterno comenzó a dispersarse dándole paso a los sentidos, despertando uno a uno, volvió a sentirse en aquel colchón, volvió a sentir que esa sabana lo cubría, volvió a sentir aquel frío y ese sabor a humedad que penetraba en su piel, recordó donde se encontraba, los sonidos nocturnos, las escasas gotas de lluvia retrasadas que aun caían apoyándose unas a otras en aquel suicidio desde el precipicio de los tejados, su cabeza dejaba de lado una vez mas el misterioso inconciente y solo recordaba lo que el sabia en aquella realidad. Se encontraba allí recostado luego de una noche turbia, compleja, luego de tan real pesadilla y de aquella atroz imagen de los sujetos que perseguían algún ser desconocido, pero finalmente, cuando callo en esa realidad poco a poco se percato que alguien tocaba su hombro, alguien deseaba que el despierte pero por la forma de hacerlo, no se trataba de su madre.
-¡Despierta, despierta niño!- Pedro poco a poco fue abriendo sus ojos, en aquella oscuridad vislumbraba una figura, no parecía conocerla, era una mujer, una joven muchacha, quizás algo mas grande que el pero no por mucho, ella era alta, bella, de cuerpo delgado, tez blanca, y largos y finos cabellos rojizos, de un fuerte colorado, muy llamativos, poseía una mirada seductora y unos labios hipnotizantes, pero todo esto se encontraba envuelto en una extraña expresión de terror y desesperación, de miedo y de paranoia singular.
El joven muchacho dio un salto luego de despertarse desconcertado por aquella situación, una bella colorada había entrado por la ventana de su habitación para luego despertarlo desesperada, a cada minuto aquella noche se volvía aun mas extraña y singular, esa noche con el correr del tiempo nunca seria olvidada.
Pedro se sentó en su cama y rápidamente prendió el velador que se encontraba a su lado, mientras la chica desconocida le pedía desesperada que haga silencio. En ese momento el pudo observar algo que en la oscuridad de la noche no se había percatado, la joven se encontraba golpeada, su piel estaba llena de raspones y moretones, su aspecto era desprolijo y la fuerte lluvia nocturna dejo sus vestimentas mojadas, lo cual provocaría que con el correr del tiempo se enferme.
-¿Quién eres?- Pedro tartamudeaba nervioso al hablar con aquella extraña chica, se sentía extraño en aquella situación y al haberse despertado hacia instantes aun lo desconcertaba mas.
-Mi nombre es Yessica, pero eso es lo menos importante, por favor niño me tienes que ayudar, tu eres el único que vio lo que sucedió, no confío en nadie, mi familia corre peligro- La chica pelirroja parecía muy asustada y a cada palabra un nudo de tensión se apoderaba en su interior.
-No entiendo a lo que te estas refiriendo, yo no eh visto nada, ni siquiera te conozco-.
La chica colorada parecía aun mas nerviosa, sentía que el tiempo pasaba muy rápido y que no podía perder ni un segundo mas, se incorporo una vez mas y se dirigió hacia la ventana para luego observar hacia las calles de la esquina, a su derecha, como recordando alguna situación.
-Yo te pude ver, asomado por tu ventana, rápidamente te escondiste, me viste corriendo mientras aquel vehiculo negro me perseguía, doble por la esquina para perderlos y ahí me dispararon, una vez que los perdí de vista rápidamente regrese hacia aquí, viste todo lo ocurrido, eres el único que me puede creer, esa gente va a matar a mi familia, te ruego que me ayudes, me encuentro sola-.
Pedro poco a poco fue despabilándose y comprendiendo aquella situación, esa chica era a quien perseguían los hombres que vio en su ventana poco antes de dormirse, todo comenzaba a coincidir, en ese momento el joven se reincorporo y camino hacia su armario, de allí saco rápidamente una remera negra y estiro su brazo hacia ella.
Ella giro su cabeza y observo secamente a Pedro, -¿Te estoy pidiendo ayuda y tú me entregas una remera? No te comprendo niño, no entiendes mi desesperación, creo que me estoy equivocando en pedirte ayuda a ti, será mas simple si voy a buscar por mis propios medios a mi familia-.
Yessica se dirigió hacia la ventana y quiso bajar por ella, pero en ese momento el joven muchacho rápidamente la freno y le pidió disculpas, el pretendía hacer tiempo, retenerla en su casa para que no corra peligro, el era alguien honesto y siempre deseaba enfrentar todo con buenas intenciones.
-Te lo ruego, debes quedarte aquí, allí te están buscando, te quisieron matar, llamaremos a las autoridades policiales, ellos sabrán que hacer y salvaran a tu familia-.
La bella colorada sonrío por primera vez en la noche, con sarcasmo y burla por las palabras de su acompañante, -¿Tú piensas que ellos salvaran a mi familia? Si yo creyera en ellos en este momento no estaría aquí hablando con un desconocido que le teme a la vida como tu, ya te lo dije no puedo confiar en nadie, la comisaría de nuestra ciudad esta repleta de corruptos asociados con la mafia local, solo buscan su propio provecho-.
-Esta bien, lo comprendo, es difícil esta situación, debes comprenderme a mi, pero intentare ayudarte si eso es lo que quieres, pero primero te ruego que te pongas esta remera seca, creo que antes que nada lo mas importante es tu salud, te daré abrigo- Pedro abrió su armario una vez mas y saco de allí una campera de finas telas negra con una capucha en su parte superior, la cual la podría proteger de una futura lluvia.
Ella de mala manera recibió las vestimentas que el muchacho le ofreció, mientras que el comenzó a ponerse sus respectivas zapatillas, para luego buscar una nueva campera la cual esta vez seria para el.
Una vez encontrada, giro su cabeza para ofrecerle el baño de su hogar a Yessica el cual podría utilizar para lavar sus heridas y colocarse aquella remera, pero en ese momento Pedro con gran timidez y nerviosismo volvió a correr su mirada ya que ella se encontraba cambiándose allí delante de el, dando a conocer su bella figura con la cual el muchacho quedo impresionado e hipnotizado.
Ella comprendió que el joven muchacho la acababa de observar e inmediatamente se enfureció con el, -confíe en ti, perdí tiempo en cambiarme de vestimenta ya que parecías amable y por lo que veo solo lo haz hecho para mirarme, eres despreciable, no se como pude confiar en ti, yo me largo de aquí-.
Yessica se coloco la capucha y se dirigió hacia la ventana, cruzo por ella y poco a poco fue deslizándose hacia el piso anterior, para luego saltar de allí y llegar hacia la vereda de manera tranquila sin recibir golpes ni hacer demasiado ruido, para que nadie se percate de su presencia en aquel lugar.
El joven se quedo paralizado por unos segundos por la rápida desaparición de la bella colorada, pero sacudió su cabeza tras la confusión y al instante decidió seguirla, bajo al igual que ella por la ventana de su habitación, pero al saltar resbalo con un pequeño charco de agua y provoco un gran tumulto sobre la calle, los perros de algunos vecinos comenzaron a ladrar, el se mantuvo en silencio contra la pared de su hogar durante unos segundos hasta que estos finalmente se calmaron y a noche comenzó a simular tranquilidad.
Al asegurarse que nadie lo vería el corrió hacia la esquina siquiera de su cuadra en busca de Yessica la cual también se había escondido tras la caída de Pedro, al llegar a ella agitado le pidió disculpas diciéndole que no había sido su intención observarla, que el solo quería ayudarla de la mejor manera posible y que debía tomar todo aquello con mayor calma.
La joven colorada molesta por tanto alboroto en tan poco tiempo continuaba observándolo con desprecio, aun los gestos de desesperación la invadían y sin prestarle mayor atención ella continuo camino.
Pedro nuevamente opto por frenarla llamándola por su hombro, ella nuevamente furiosa se dio media vuelta pero ya con gran fastidio y sin ganas de escucharlo hablar, -Por favor, tienes que replantearte esto, es peligroso, nosotros dos en este momento no podemos hacer mucho, debes hacerme caso, avisémosle a mi madre, alguien mas tiene que ayudarnos, espera hasta mañana, todo va a salir bien pero no tienes que irte de esta forma, no sabes lo que puede pasar-.
-Ya lo comprendo, tienes miedo de esto, te comprendo, encontrarte a tu a sido solo una perdida de tiempo, vuelve a tu hogar niño, pensé que estábamos predestinados a encontrarnos de aquella forma, confiaba en ti, pensé que ciertamente por algún motivo nos habíamos encontrado, pero me equivoque, no me sigas, no me frenes, mis padres pueden llegar a morir y contigo o sin ti voy a salvarlos de todo este terror, no te das cuenta que ya no puedo perder mas tiempo, me canse de ti, eras lo único que tenia, pero se termino-.
Yessica tras estas palabras dio media vuelta y se alejo corriendo, dejándose perder en la profundidad de la noche luego de doblar la esquina, mientras que Pedro paralizado recordó la ultima imagen de la bella colorada, quien antes de irse dejo ver como unas leves lagrimas caían por su bello aunque cansado rostro.
Ella tenia razón y el la había dejado ir, sola, sin nadie que la pueda ayudar, con su familia en peligro, con un grupo de policías corruptos aliados a una mafia local, con golpes, angustia, pero llena de ira, ella se había alejado sola de allí, pero lo peor de todo ere el hecho de que el la haya dejado alejarse sin detenerla, sin seguirla, solo dejándola ir.
Ella sentía que estaban predestinados a encontrarse, que por algo el destino había sido el causante que el se asome por la ventana justo en el momento que ella pasaba por allí, pero ahora que se había ido, el ya no sabría como encontrarla.
Con su cabeza agachada regreso hacia su hogar, observo la ventana abierta de su habitación y siguió lamentando con tristeza la posibilidad perdida de ayudar a aquella chica que tanto necesitaba de el, luego comenzó a subir rápida y silenciosamente por aquella pared ya que el deseo de Yessica era no ser encontrada por nadie.
El muchacho cerro la ventana una vez dentro y comenzó a sacarse las zapatillas para luego recostarse una vez mas en su cama, ya faltaba poco para que amaneciera y un nuevo día llegue a su vida, pero el siguiente día no seria un día mas, el pretendía luego de su primer jornada escolar emprender la búsqueda de ella, sea como sea, debería encantarla y ayudarla, enfrentarse contra quien se deba enfrentar, pero ya lo tenia decidido, no la podía dejar, ella lo necesitaba y el era el único que podía hacerlo.
El sueño volvió a apoderarse poco a poco de el, tanta presión durante aquella noche de tormenta, tantas decisiones complejas, habían agotado su mente, sus sentidos comenzaron a dispersarse, la nada misma volvió a apoderarse de el y dejarlo relajar, lejos de toda pesadilla, lejos de toda aventura, lejos de todo pensamiento, donde la única imagen que percibía su inconciente era la de unos ojos, la de aquellos ojos color miel, tan bellos, tan dulces, tan inolvidables y atragantes, los ojos de aquella chica desconocida, los de la mujer soñada que soñó sin conocer, pero quien el destino por algún motivo en aquel momento decidió que apareciese en su vida.

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